“Ese es vago…”
Por: Adolfo A. Gordillo R.
Hola amigos, definitivamente, la mala audición puede causar verdaderos problemas...creo que desde pequeñito los he experimentado…les voy a referir una historia que lo confirma.
Corría por allá el año de 1953 o 54, este servidor tendría 6 o 7 años y estudiaba en el colegio de San Luis Gonzaga, la sede del mismo quedaba en el centro, en el edificio de donde las un grupo criminal secuestró a los concejales, creo que lo deben identificar fácilmente porque ha aparecido muchas veces en la televisión. Para mi estatura de entonces, y el sentido de los tamaños, éste era un edificio enorme con un patio gigantesco, con varias canchas de básquet con unas canastas altísimas, y lo mejor de todo… unos pasadizos secretos, a los cuales se accedía por un hueco en la pared del corredor norte, semi- oculto entre unos materiales de construcción y unos escombros que, no sé porqué, nunca fueron retirados , había unas gradas oscuras y encementadas (me refiero a que no tenían baldosas ), y salían: por un lado detrás del altar de la (para mí) enorme capilla que quedaba el tercer piso, y por una desviación al mucho más grande, salón de actos que quedaba debajo de la capilla y abarcaba hasta el primer piso. Estos pasadizos sólo los conocíamos algunos locos osados que nos habíamos atrevido a aventurarnos por el hueco, pues se decía que por esos pasillos rondaba el alma en pena del Hermano Anselmo….
Por otro lado, cerca de mi casa vivía la familia Mendoza… Diego, el menor varón, después seguía Conchita, era mi mejor amigo y estudiábamos en el mismo Colegio y en el mismo curso, creo que era segundo B de primaria…o primero…, está muy lejos y no lo recuerdo bien, él tenía unos hermanos mayores y unas hermanas compañeras de mis hermanas, muy bonitas por cierto…. Lo que sí recuerdo como si fuera ayer, es que sonaba la campana y todos salíamos gritando como locos de la felicidad al enorme patio. Los Hermanos tenían unas estrictas reglas de comportamiento (Olvidaba contarles que en esta sede solamente había hasta quinto de primaria, bachillerato quedaba en “San Luis Loma” así que los estudiantes de quinto, eran los “grandes”, yo los veía grandísimos). Decían “Juego de manos, juego de Villanos” todavía no sé que es un juego de manos… uno jugaba a la “libertad” o a “cojín de guerra”, u otros Pío Zarta, Espinosa y yo casi siempre, en secreto explorábamos los pasadizos secretos y a veces salíamos con los zapatos “ensopados” porque en la base de las escaleras ocultas había lugares inundados y alguien susurraba por allí anda el hermano Anselmo… y había que correr, sin fijarse mucho en el piso.
Dije que los Hermanos tenían reglas muy estrictas de conducta… imagino que para ejercer mejor vigilancia sobre nuestro comportamiento habían instaurado el siguiente procedimiento: para terminar el recreo, sonaba una campanada y todo mundo tenía que, al oír ésta, quedarse absolutamente quieto como en un jueguito que antaño se hacía en tiempos de navidad: un amigo le decía al otro “ESTATUA !!!!” y a quien se lo habían dicho debía quedarse absolutamente quieto, so pena de cumplir una penitencia. Bueno, así había que quedarse, excepto los “sapos” de quinto, “los grandes”, que eran los monitores y se paseaban por entre las “pobres estatuas”, llevando prisionero a todo aquel que: se movía, hablaba, estaba en una posición impropia, estaba en un lugar prohibido…etc. los pasadizos por ejemplo…. Pero por suerte, ellos no se atrevían a visitar esos lugares…. Cuando sonaba, al cabo de una eternidad, la otra campanada, uno tenía que correr a buscar la fila del curso de uno, y su lugar en esa fila(por orden de estatura), entre Garcés y Navarro, por ejemplo… a mí me tocaba detrás de Diego porque era un poco más alto que él, sonaba entonces con muy poco intervalo otra campanada… si no habías llegado a la fila, o estabas en la fila pero en el lugar equivocado, o hablabas, también estaba listo un "sapo" de los grandes allí cerca para llevarte preso… A los presos se les daba un reglazo en la palma de la mano antes de mandarlos para el salón, o se los tenía arrodillados sobre granitos de maíz durante un minuto...
Después de eso, el hermano Director iba mandando, uno por uno, los grupos a sus aulas, el peligro de caer preso, solamente terminaba cuando uno entraba al salón.
Estando pues en una fila de estas, esperando el turno de mi grupo mi compañerito Diego, me señala a un monitor que no nos veía y me susurra al oído… ese es vago:…”zasta zarra”… carai…¿qué será eso? Pienso…ah ya sé como diego tiene hermanos grandes… estos andan por Granada y Versalles y esos barrios vecinos y se conocen a la gente maluca y los gamines y vagos, le habrán advertido a Dieguito que aquí estudia un gamín adoptado por el buen corazón de los Hermanos, que lo tienen inclusive de monitor… el tipo debe ser malvadísimo, hasta tiene un apodo muy bueno: zasta zarra, aunque no sabía y todavía no sé el significado, para mi derivaba como de zorro, astuto, bravo…algo así.
En todo caso, creo que el sus que habla era aficionado a tomar del pelo, mezclado con las emociones fuertes, porque al otro día, cundo salimos al recreo, le pedí a Diego que me acompañara, y a cierta prudencial distancia del individuo en cuestión, (Nunca llegué a saber su verdadero nombre) le grité a voz en cuello, señalándolo con el dedo: ZASTA ZARRRRAAAAAA ZASTA ZARRRAAAAA VAGOOOOOOO y el man arrancó a perseguirnos por el enorme patio….yo arrastré a Diego y como pudimos nos escondimos detrás de la puerta de un salón que habían dejado entreabierta…
De ese día en adelante el man quedó así bautizado, y en el recreo casi siempre estaba persiguiendo a alguien que le gritaba de ese modo, y como el tipo montaba en cólera, cuando lo llamaban así, era un disfrute exaltarlo de esta manera… era una excitación como la de alborotar un avispero cuando hay un gentío para que todo el mundo tenga que salir corriendo. Un día casi me agarra, afortunadamente se resbaló cuando ya me iba a agarrar, porque de osado, lo llamé así estando muy cerca de él. Otra vez, la única manera de escapar a una segura zurra, fue meterme a la Catacumba de que les hablé al principio y salir por la Capilla cuando los grupos estaban ya entrando a clase… Afortunadamente nunca me alcanzó (no sé si estaría contando el cuento…jaja)
En todo caso, un día Diego, que era un estudiante excelente y un tipo muy juicioso, me preguntó porqué yo había bautizado ese tipo así y de dónde había sacado que era vago y todo eso…. Yo le contesté extrañadísimo de su falta de memoria, si no recordaba la vez que me lo dijo al oído en la fila.
A lo cual replicó: lo que yo te dije fue: “Ese muchacho tiene la cara bonita…” ¿Porque´escuché algo tan diferente? Bueno pero me divertí molestando al pobre Zasta Zarra, quién sabe quién será...
Colorín colorado
No hay comentarios:
Publicar un comentario