Mis compañías
En una pared se mezclan la guitarra, la viola y el violín, y de reojo desde su base en el piso los mira el violoncello, en tanto que sobre la mesa descansa la flauta traversa, y la trompeta, celosa en el rincón de la mesa parece sonreír al reclamo del clarinete: Adolfo ya va una semana sin practicar, y el saxofón desde su caja pregunta: ¿ porqué tú no me exhibes como a los demás ? ¿Acaso con dulzura no suelen de mis teclas, al impulso de tu aliento, esas bellas melodías arrancar ? Y entonces los dos caballetes, el de mesa y el de piso y la paleta y los pinceles y las acuarelas en un coro replican: que de mi tiempo también ellas deben disfrutar, para que esas blancas cartulinas se llenen de paisajes de colores o quizás de claroscuros...
Ah.. y mi querido telescopio, que en las noches me acompaña y me ayuda a escudriñar el cielo y sus misterios, y que atrae también a los vecinos, agradable compañía, por poco olvido mencionarte. ¿Pero qué pasó con el teclado ? Me reclama que ya termine con el Cuckoo del Método Suzuki y pase a la siguiente página, por favor...
Oh bella compañía, mis queridos instrumentos, mis pinceles caballetes acuarelas, óleos lienzos, telescopio, todos, gracias por estar conmigo.
Y la compañía tierna y amable de aquella hermosa Gloria de mis glorias, aquella que con su dulce crítica me instaba a mejorar este o aquel paisaje, o que se hacía la distraída para no manifestar molestia ante esos ejercicios musicales repetitivos y monótonos, o las muchas veces desafinadas notas y las equivocaciones una y otra vez, aquella que escuchó una y otra vez mi cuento de “El Sueño” sin quejarse, la que sugirió y me ayudó a crear el “Alfabeto Infantil” la que compartía conmigo el amor al mar y la aventura, la que una vez me dijo: “No te preocupes, que por donde tu metas la cabeza, también la meto yo”... Y así fue: hacerse conmigo a la vela, a reclamarme porque el barco no está escorado, a reconvenirme porque todavía no había izado la mayor, o porque el foque no estaba bien cazado... La que con su pronta reacción me salvó de perder una mano en aquel accidente... pero sobre todo la que fue el amor de mi vida, la que amé y que me amó desde que éramos apenas unos niños, y que las circunstancias de la vida nos hacían separarnos una y otra vez, pero siempre manteniendo la llama de ese amor en nuestros corazones, hasta que por fin logramos, ya pasados los sesenta, ser una pareja en compañía permanente, en continuas bromas, romance y aventura, pero tu cuerpo estaba maltrecho y
dolorido, así que un día, en el Equinoccio de primavera partiste para siempre a una aventura a la cual yo hubiera querido, pero no te podía seguir... El dolor más profundo de la soledad se volvió entonces mi compañía...
Entonces, un día, a mi tristeza, desde esa pared le hablaron de nuevo la guitarra, la viola el violín, y desde el fondo de mi corazón la flor del amor por mi Gloria empezó a componer melodías, dedicadas a ti, para estos hermosos y permanentes compañeros también de toda la vida, y entonces de mis pinceles y mis acuarelas empezaron a sonreír sobre mis caballetes, de nuevo, los paisajes sobre las blancas cartulinas, y aunque las lágrimas siguen a menudo acudiendo a mis ojos, hoy celebro los maravillosos momentos vividos al lado de ese maravilloso ser que amé con todo mi corazón, cuya presencia me colmó de tantas alegrías y fortaleza. Hoy la música, la pintura, lidiar con el clarinete, la flauta, la rebeldía de la trompeta, y todos ellos, extasiarme contemplando su bella construcción, son mi compañía y un alivio a mi dolor.
Y la correspondiente Ilustración



Adolfo, felicitaciones. Gran escrito. Soy María Uribe, figuro como Santiago Gomez (mi hijo). Bendiciones en tus proyectos futuros.
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